28 de abril de 2011

¿SE ENTIENDE EL PROPÓSITO DE LA SEGUNDA VUELTA?

El propósito de la segunda vuelta electoral es que quien salga elegido lo sea por un número suficiente de votos tal que alcance una mayoría indiscutible, de la mitad más uno.

Lo que se busca con el denominado ‘ballotage’, entonces, es que quien sea escogido por los votantes tenga una legitimidad innegable, para que así pueda gobernar con el respaldo mayoritario de la población. Pero si quienes quedan para la final se aferran solamente a las propuestas hechas en la primera vuelta, como lo plantean algunos, a pesar de que solamente alcanzaron el 31% y 23%, respectivamente, lo que le estarían diciendo al electorado que no votó por ellos (10 de abril) y acudirá nuevamente a las urnas (5 de junio), es que su opinión no cuenta, ya que los finalistas no modificarían sus programas de gobierno para dar cabida a otras ideas que los enriquezcan o complementen.

En buena cuenta, lo que pretenderían decirle a ese más del 45% que no los respaldó es que en la segunda vuelta lo que deben hacer es someterse a lo que le venga en gana a quien en última instancia triunfe. Si ese fuese el planteamiento, quien haya obtenido menos de un tercio, o menos de un cuarto, terminaría imponiendo sus políticas al resto del país, porque así lo decidieron sus votantes en la primera vuelta.

De ser así, se estaría desvirtuando todo el sentido del ‘ballotage’, cuyo real propósito es lograr que los bandos finalistas se pongan de acuerdo con quienes no accedieron a la final para llegar a consensos que sirvan de base para organizar alternativas de gobierno viables, que a su vez se concreten en compromisos políticos, para que el ganador cuente con un respaldo popular ampliado.

La democracia no es simplemente, como algunos parecen creer, el gobierno de la mayoría. No es así. Quienes así piensen desconocen que la minoría debe ser tomada en cuenta, ya que, de lo contrario, lo único que se conseguiría es la imposición de una mayoría relativa como única opción.

El sustento de la democracia es el consenso, lo que conlleva el saber recoger la opinión de quienes no piensan como uno para llegar a entendimientos que luego se cumplan.

Ese 45% de la población que no piensa igual que quienes han obtenido su derecho a pasar a la final debe ser escuchado, ya que de lo contrario no tendría ningún sentido la segunda vuelta, por cuanto quienes votaron por candidatos que no superaron la primera ronda estarían obligados a someterse plenamente a las propuestas intocables de quienes obtuvieron los dos primeros lugares, a pesar de que ninguno logró obtener la mayoría absoluta.

La segunda vuelta no tendría ningún sentido, ya que no serviría para darle legitimidad al ganador absoluto, sino que resultaría en un mero trámite formal para convalidar a un finalista que representa a una minoría que no alcanzó los suficientes votos.

Entonces, ¿dónde quedaría el principio de la representación popular para poder gobernar? ¿De qué mandato popular se podría hablar si el elegido únicamente representa originariamente a una fracción del electorado que no llega al tercio o a menos de un cuarto de la población, según el caso?

Sería verdaderamente preocupante que los finalistas, a la luz de los hechos, se dejaran convencer de que sus propuestas no requieren modificación alguna, ya que son las únicas posibles para superar los problemas del presente. Así, se correría el riesgo de caer en el gobierno autoritario que la población rechaza.

¡Cuidado con la tendencia al voto viciado, en blanco y el de los indecisos (22% a hoy), que podría ir creciendo si esto último ocurriera!