Buscar este blog

Cargando...

11 de marzo de 2011

LA SOCIOLOGÍA EN ÉMILE DURKHEIM

Con el fin de lograr que la sociología se alejara de la filosofía y de darle una identidad clara y particular, Durkheim afirmó que el objeto distintivo de la sociología debía ser el estudio de los hechos sociales. El concepto de hecho social tenía varios componentes, pero la idea de que los hechos sociales debían ser tratados como cosas era de crucial importancia para distinguir la sociología de la filosofía. Como cosas, los hechos sociales debían estudiarse empíricamente, no filosóficamente.

Para distinguir la sociología de la psicología, Durkheim afirmó que los hechos sociales eran externos y coercitivos para el actor. Sabemos que un hecho social es una cosa y que es externo y coercitivo, pero ¿qué más sabemos de un hecho social?, en realidad, Durkheim distinguía entre 2 grandes tipos de hechos sociales: los materiales y los inmateriales. Los hechos sociales materiales son los más claros de ambos tipos, porque son entidades reales y materiales, pero sólo adquieren una importancia menor en la obra de Durkheim.

Pero el grueso de la obra de Durkheim, y el núcleo de su sociología es el estudio de los hechos sociales inmateriales. Lo que para los sociólogos son hoy en día las normas y los valores, o en términos más generales, la cultura, son ejemplos adecuados de lo que Durkheim quería decir con hechos sociales inmateriales.

Mientras los hechos sociales materiales son claramente externos y coercitivos, los hechos sociales inmateriales no están tan definidos. Al menos en cierta medida residen en la mente del actor. La mejor manera de conceptualizar los hechos sociales inmateriales es pensar en ellos como externos y coercitivos respecto de los hechos psicológicos.

Los hechos sociales desempeñan un papel central en la sociología de Durkheim. Una manera útil de extraer los hechos sociales más importantes de su obra, y de analizar sus pensamientos sobre las relaciones entre estos fenómenos, es comenzar con los esfuerzos de Durkheim por organizarlos en distintos niveles de la realidad social. Durkheim comenzó por el nivel de los hechos sociales materiales, no porque fuera el nivel más importante para él, sino porque sus elementos suelen tener prioridad causal en su teorización, pues influyen en los hechos sociales inmateriales, la verdadera preocupación de su obra.

Durkheim basó su análisis en la División del trabajo social en su concepción de 2 tipos ideales de sociedad. El tipo más primitivo, caracterizado por la solidaridad mecánica, presenta una estructura social indiferenciada, con poca o ninguna división del trabajo. El tipo más moderno, caracterizado por la solidaridad orgánica, presenta una mayor y más refinada división del trabajo.

Para Durkheim, la división del trabajo en la sociedad es un hecho social material que indica el grado en que las tareas o las responsabilidades se han especializado. La gente en las sociedades primitivas tiende a ocupar posiciones muy generales en las que realiza una amplia variedad de tareas y mantiene un gran número de responsabilidades.

Los cambios en la división del trabajo han tenido enormes implicaciones para la estructura de la sociedad, y alguna de las más importantes se reflejan en las diferencias entre 2 tipos de solidaridad: mecánica y orgánica. Su interés al abordar la cuestión de la solidaridad era descubrir lo que mantenía unida a la sociedad. Una sociedad caracterizada por la solidaridad mecánica se mantiene unificada debido a que la totalidad de sus miembros tienen aptitudes y conocimientos similares. La unión de las personas se debe a que todos están implicados en la realización de actividades parecidas y tienen responsabilidades semejantes. Por el contrario, una sociedad caracterizada por la solidaridad orgánica se mantiene unida debido a las diferencias entre las personas, debido al hecho de que tienen diferentes tareas y responsabilidades. Toda vez que cada persona realiza en la sociedad moderna una gran gama de tareas relativamente pequeña, necesita a otras muchas para poder vivir.

Hay que mencionar la última diferencia entre la solidaridad orgánica y la mecánica. Como las personas que forman las sociedades caracterizadas por la solidaridad mecánica suelen parecerse en lo tocante a las tareas que realizan, hay mayores probabilidades de que compitan entre sí. Por el contrario, en las sociedades caracterizadas por la solidaridad orgánica la diferenciación facilita la cooperación entre las personas y permite que puedan apoyarse en una misma base de recursos.

Otro hecho social material estrechamente relacionado con la división del trabajo era el factor causal más importante en la teoría durkheimiana de la transición de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica: la densidad dinámica. Este concepto hace referencia a la cantidad de personas de una sociedad y al grado de interacción que se produce entre ellas. Un aumento de la cantidad de personas más un aumento de su interacción conduce a la transición de la solidaridad mecánica a la orgánica, dado que, si se producen simultáneamente, provocan un aumento de la competencia por los recursos escasos y una lucha más intensa por la supervivencia entre los diversos componentes paralelos y similares de la sociedad primitiva.

Aunque a Durkheim le interesaba explicar el modo en que la división del trabajo y la densidad dinámica producían tipos diferentes de solidaridad social, mostró especial preocupación por el efecto que tenían estos cambios materiales en los hechos inmateriales y su naturaleza, tanto en las sociedades unidas mecánicamente como orgánicamente. Para estudiar los hechos sociales inmateriales de una manera científica, el sociólogo debe buscar y examinar los hechos sociales materiales que reflejan la naturaleza de los hechos inmateriales y sus cambios. Esa función la cumple el derecho y sus distintas formas en distintas sociedades.

Durkheim afirmaba que una sociedad que presenta solidaridad mecánica esta caracterizada por un derecho represivo. Como las personas son muy similares en este tipo de sociedad, y como la totalidad de sus miembros suelen creer profundamente en una moralidad común, cualquier ofensa contra sus sistema de valores compartido, suele ser de la mayor importancia para la mayoría de las personas se siente ofendida y cree profundamente en su moralidad común, el trasgresor suele ser severamente castigado si comete una acción considerada como una ofensa contra el sistema moral colectivo.

Por el contrario, una sociedad con solidaridad orgánica se caracteriza por su derecho restitutivo, en lugar de ser duramente castigados por la más mínima ofensa contra la moralidad colectiva, a los individuos se les suele pedir en este tipo de sociedad más moderna, tan solo que cumplan con la ley o que recompensen –restituyan- a los que han resultado perjudicados por sus acciones.

El concepto de anomia revela claramente su preocupación por los problemas derivados del debilitamiento de la moralidad común. Los individuos se enfrentan a la anomia cuando la moral no les constriñe lo suficiente, es decir, cuando carecen de un concepto claro de lo que es una conducta apropiada y aceptable, y de lo que no lo es.

Par nuestro pensador, la “patología” central de las sociedades modernas es la división anómica del trabajo. Al considerar la anomia como una patología, expresaba su creencia en que los problemas del mundo moderno podían “remediarse”.

El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad, forma un sistema determinado que tiene vida propia, es lo que Durkheim llamó conciencia colectiva o común; es, pues algo completamente distinto a las conciencias particulares.

Es evidente que cuando Durkheim hablaba del “conjunto” de creencias y sentimiento comunes, hacia referencia a la conciencia colectiva de una sociedad dada y la concebía claramente como un sistema cultural independiente.

La conciencia colectiva es mucho menos importante en una sociedad con solidaridad orgánica que en otra con solidaridad mecánica.

Anthony Giddens realizó un esfuerzo valioso al señalar que la conciencia colectiva en los 2 tipos de sociedad difiere en 4 dimensiones: volumen, intensidad, rigidez y contenido. El volumen se refiere a la cantidad de gente que comparte una misma conciencia colectiva; la intensidad, al grado en que la sienten; la rigidez, a su nivel de definición; y el contenido, a la forma que adopta la conciencia colectiva en los dos tipos polares de sociedad.

El concepto de anomia fue tratado por Durkheim en La división social del trabajo, dentro de su preocupación por la vida moral de la sociedad, pero su formulación y uso más claro en el análisis sociológico se encuentra en su obra posterior, El Suicidio.

En ella consideró a la anomia como una situación social en la cual dejan de regir las normas, los individuos dejan de comportarse de acuerdo con ellas, en todo caso, como una anomalía social asociada a una división anómica del trabajo. En las elaboraciones posteriores de la anomia, el concepto se utilizó para analizar diversas formas de conductas desviadas (respecto a ciertas normas) en el nivel individual. La anomia es, así, un estado de confusión, de desorden, de desorientación del individuo.

En El Suicidio, Durkheim aplicó el concepto de anomia, en el nivel social, a la explicación de un fenómeno tan individual como el suicidio, fenómeno en el cual distinguió 4 tipos. EL suicidio egoísta suele darse en sociedades o grupos en los cuales se encuentran personas que no están totalmente integradas a la sociedad global; el individuo se siente patológicamente libre de hacer lo que desee (como quitarse la vida). En el suicidio altruista sucede todo lo contrario: aquí los individuos tienen la esperanza y la creencia profunda de que tendrán una vida especial después de la muerte (como ha sucedido en el caso de suicidios colectivos de los miembros de algunas sectas religiosas).

El suicidio anómico es el principal para nuestro autor. Se produce cuando el individuo se siente desligado de las fuerzas reguladoras de la sociedad o de las normas del grupo social al que pertenece. La sociedad deja de ejercer sus poder de regulación de las conductas, como cuando, por ejemplo, se produce una crisis económica, pero también en periodos de abundancia económica, o, de manera más cercana, cuando una persona pierde su empleo y por eso se siente desorientada, incapaz de sentir el efecto normativo, regulador, de la empresa a la cual pertenecía. En situaciones como ésas, dentro de la sociedad aumentan las corrientes sociales anómicas que, al penetrar en los individuos, los llevan al suicidio.

El cuarto tipo de suicidio es el denominado fatalista, el cual se presenta cuando la situación es la opuesta a la que corresponde al suicidio anómico, es decir, cuando existe una regulación social excesiva de la vida individual. La persona se siente atrapada por esa disciplina, que es sentida como una opresión, y quiere desprenderse de ella. Durkheim da como ejemplo la vida del esclavo.