6 de abril de 2011

EL USURPADOR

“Aquel que pide un voto para algo y luego hace lo contrario, lo único que está haciendo es pervertir la democracia”. Palabras de Beatriz Merino que nunca deben olvidarse porque resumen la figura de los usurpadores, de aquellos gobernantes que se agarran de cualquier pretexto para poner en marcha su siniestro proyecto de quedarse en el poder, usurpando lo más valioso en el ser humano: su libertad.

Hay dos tipos de usurpación. El típico golpe de Estado y la denominada usurpación por abuso de confianza. En este segundo caso, el dictador de turno poco a poco va cercenando las libertades ciudadanas, los derechos democráticos y las instituciones que le dan sustento a la democracia. Estos dictadores fueron elegidos para gobernar democráticamente, juraron cumplir los mandatos de la Constitución ante el Congreso y respetar la libertad de prensa, pero traicionan su juramento y por la fuerza imponen una dictadura cívico-militar.

Al usurpar el poder han pervertido la democracia. Son autocracias que se revisten de formalidades democráticas, pero lo primero que hacen es una “nueva Constitución” para perpetuarse en el poder.

Como toda dictadura, son excluyentes, persiguen a sus adversarios, carecen de total tolerancia frente a las ideas de quienes se les oponen. No importa qué ideología profesan, pueden ser neoliberales como Pinochet y Fujimori, o nacionalistas populistas estatistas como Chávez. No creen en los derechos humanos, justifican sus delitos como “males menores necesarios para salvar a la nación”. Hitler fue de esta calaña, fue la perversión de la democracia en Alemania.

No creen en la democracia, pero la utilizan. Cuántos dictadores, cuántos seguidores de estos dictadores la utilizan para retornar al poder, tapando con una mano lo que hicieron con la otra, presentándose ante la opinión pública como si ellos no tuvieran nada que ver con lo anterior, pero en el fondo quedan atrapados por su discurso contradictorio, que entra en conflicto con la realidad, con la historia.

Por eso, quienes siguen al usurpador deben deslindar para que el electorado tenga una visión clara a la hora de emitir su voto. Mientras no exista un deslinde puntual, mientras su discurso sea ambiguo, potencialmente la democracia estará en peligro. No son garantía de un buen gobierno, porque en la práctica confunden autoridad con autoritarismo.

Quien no renuncia y denuncia, como lo hizo Alfonso de los Heros, a un golpe de Estado y a la corrupción que fue su secuela, es cómplice. Imposición de la voluntad sobre el verdadero orden establecido en la ley.

No han cambiado, son los mismos que justificaron el golpe, son los mismos que callaron o defendieron el abuso del poder y los delitos que cometió Fujimori. No merecen estar en el poder. Son aquellos que “justifican los costos inevitables”, para “disolver, disolver, disolver” un día como hoy 5 de abril de 1992.

Por: Francisco Miró Quesada Rada