29 de julio de 2011

IZQUIERDA DEMOCRÁTICA Y OLLANTA HUMALA

Esta es la primera vez que la izquierda política llega al poder en el Perú por la vía democrática. El anterior intento fue con Alfonso Barrantes, destacado líder de voluntad concertadora, quien llegó a consensuar a los diferentes grupos de un amplio conglomerado y alcanzó la segunda votación en 1985.

La evolución de la izquierda hacia las vías democráticas ha sido significativa en nuestra historia republicana, desde que apareciera, hace más de ochenta años, en sus dos más significativas vertientes, la de José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista, y la de Haya de la Torre, menos radical, quien logró formar un partido de masas (el Apra).

La izquierda más radical, incluidos los brotes más extremistas de los años 60, nunca llegó al poder a través de un proceso electoral, aunque sí a través de gobiernos de facto, como fue el caso del general Velasco en 1968. Esta izquierda siempre estuvo asociada con gobiernos autocráticos o dictaduras que impusieron ideas y prácticas antidemocráticas.

Cuando el Apra logra llegar a la Presidencia de la República en 1985, con Alan García, lo hace con un predicamento moderado y ya no de izquierda.

Por eso, el triunfo de Ollanta Humala en las recientes elecciones representa en los hechos la primera vez que un frente de izquierda logra obtener la primera magistratura por los canales electorales, gracias a la unión de los distintos y a veces antagónicos sectores de la misma en una sola propuesta política.

Esto ocurre en tiempos en que la política se ha desideologizado y convertido más bien en campo de lucha de programas y propuestas concretas antes que de ideologías a la usanza del siglo pasado, que en poco contribuyeron a resolverle a la ciudadanía sus problemas más acuciantes.

Ello hace que los gobiernos tengan que reemplazar las grandes teorías políticas y se concentren más en buscar soluciones prácticas a los problemas reales y específicos de la gente que ya está cansada de la grandilocuencia de los discursos y promesas que solo quedan en palabras sin contenido.

El gran avance de la política en el Perú de los últimos años es que las izquierdas, de distintos matices, han entendido que es necesario seguir el camino democrático para alcanzar el poder, lo que las compromete también a ejercerlo respetando el libre juego de las libertades públicas que garanticen el respeto de la voluntad popular y así gobernar en consonancia con lo que esta decida.

Ya no se acepta que una élite que se considere iluminada imponga su voluntad o que algún grupo fanatizado pretenda imponer sus ideas utilizando métodos vedados.

Por eso, el reto de Ollanta Humala será aun mayor, ya que deberá gobernar con una izquierda que respete las libertades y principios democráticos, y a la vez resuelva los problemas sociales pendientes, que no son pocos, ni fáciles de solucionar.

Nadie duda de que el esfuerzo central de su Gabinete Ministerial ‘arco iris’ será mantener las buenas tasas de crecimiento con una mayor inclusión social.

Sin embargo, el gran desafío de la izquierda será demostrar que sabrá actuar dentro de las reglas del sistema democrático, que está dispuesta a cumplirlas y que respetará las críticas de la prensa y de sus adversarios, para así estar a la altura de la confianza que el pueblo le ha otorgado.

De esa manera podrá desvirtuar la creencia que todavía tiene un sector de la población en el sentido de que el líder de Gana Perú sigue siendo el lobo disfrazado con piel de cordero, y que, después de portarse bien al inicio, sacará las garras, como lo han hecho otros gobiernos latinoamericanos más al norte.

Por: Raúl Ferrero Costa