27 de julio de 2011

ALAN ENTERRÓ AL APRA POPULAR

Suena duro pero es verdad. El mayor legado histórico del segundo gobierno de Alan García ha sido la liquidación del APRA como un partido de izquierda democrática. Un partido que durante buena parte del siglo XX buscó expresar las demandas de justicia social, desarrollo nacional, e integración de los pueblos que bautizo como “indoamericanos”. Conjunto de Ideales por los que lucharon y murieron generaciones de apristas de toda condición social, y que cohesionaron al partido con mística y sentido justiciero y popular. De allí la certeza con la que se afirmaba que el APRA era el único realmente partido existente en el Perú. Un partido, principios, organización, una hermandad, una familia.

La liquidación del APRA histórico no debe verse solamente en el terreno electoral sino también en el doctrinario y de proyecto político. Es verdad que en el terreno de la representación política electoral el partido se ha derrumbado. Tiene una representación minúscula en el parlamento (4 de 130), ningún presidente regional, y no pudo siquiera presentar candidato propio a la presidencia. Es decir los ciudadanos en su inmensa mayoría no quieren que el APRA los represente en casi ninguna instancia del poder político. Un rechazo durísimo sobre todo si se cree que se ha hecho un gobierno exitoso. Sin embargo lo significativo es la cancelación histórica del APRA como un partido comprometido con el cambio y la búsqueda de la justicia.

En efecto, más allá de las promesas y el verbo encendido, el segundo gobierno de Alan García y la dirigencia actual del APRA han girado sin mayor tapujo hacia los intereses de los grupos económicos y el pensamiento conservador, incluyendo el religioso, renunciando a lo liberal en lo político y redistributivo en lo económico y social. La apuesta por las grandes inversiones ha sido prioritaria incluso por encima de derechos adquiridos por las comunidades campesinas e indígenas, ya sea andina o amazónica. La resistencia a cumplir con la consulta previa como demanda la OIT para autorizar proyectos mineros o extractivos son muestra de esto. Lo paradójico que haya sido un gobierno aprista el que considere a la movilización social y las protestas reivindicativas de los pueblos como resultado de intereses extranjeros y antipatriotas, exactamente la misma acusación que fue esgrimida, entre otras, para declararlo un partido ilegal y condenado a la persecución y la clandestinidad.

La transformación del APRA de un partido de izquierda democrática a uno conservador ha sido posible por la falta de renovación doctrinaria y de propuesta política del propio partido, dejando el espacio para que lideres como García puedan con su liderazgo caudillista hacer y deshacer con la complicidad de dirigentes más preocupados por el ascenso y la aceptación social. Basta revisar las páginas sociales de las revistas de modas y varieté para comprobar cómo estos dirigentes son caseritos de exclusivos clubes y restaurantes. U otras páginas menos glamorosas donde los secretarios generales del partido, amén de otros altos dirigentes, aparecen envueltos en faenones o escándalos de corrupción.

Esto es precisamente lo que resienten militantes del partido críticos como el grupo Vanguardia Aprista de Wilbert Bendezú y Jesús Guzmán Gallardo), líderes provincianos que prefieren abandonar el partido para construir sus propios movimientos regionales, u otros que activamente han participado de la campaña en favor de Ollanta Humala (bases del Callao, Lima y La Libertad) como reconoce con valentía el dirigente aprista Luis Salgado en su artículo: “El APRA Popular y Ollanta Humala". Según Salgado la militancia aprista de base votó por el nacionalismo y castigo a la dirigencia “usurpadora” (en sus palabras) debido a que: “las propuestas de política económica y social de Ollanta Humala, las banderas de justicia social, la defensa con dignidad de lo nacional, y la búsqueda de la integración de América Latina por un Estado democrático y popular, sin corrupción, coinciden plenamente y son banderas históricas del aprismo de Haya de la Torre” . ¿Cómo conciliar esta posición con la de la cúpula del partido que en voz de Javier Velásquez Quesquén anunció que votaría por el fujimorismo? Quizás en esta diferencia de opiniones se encuentre la clave para explicar la exigua representación aprista en el parlamento y el voto nacionalista en el otrora “sólido norte”.

Sin embargo lo que mejor explica el abandono de la esencia del APRA es la serie de artículos escritos por el presidente García denominados: “el perro del hortelano”. En efecto, desde los escritos fundacionales de Haya, sobre todo “El Antiimperialismo y el Apra” (1936), hasta elaboraciones más concesivas con el capitalismo como” treinta años de aprismo” (1956), el APRA se ha definido como la expresión doctrinaria y organizativa de los trabajadores manuales e intelectuales. Una identidad y compromiso que se renovaba cada año en las celebraciones del día de la Fraternidad o en otros eventos partidarios.

Los escritos fundacionales tienen un fuerte sentimiento anti-imperialismo generado por el avance de las empresas extranjeras en América Latina y el legado de la revolución Mexicana. También por la defensa y nacionalización de recursos naturales (petróleo y tierras), y por el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, los campesinos o el indio y el pueblo. Ideas fuertemente enraizadas en la identidad aprista y que sirvieron para orientar la acción de los compañeros militantes en sucesivos procesos electorales, intentos revolucionarios, y años de clandestinidad.

Los escritos moderados por su lado surgen después de 1945 cuando el APRA recupera su legalidad y busca integrarse al sistema político. Para ello Haya modera su anti-imperialismo y descubre el lado positivo del capitalismo. De ese año es el famoso discurso de la Plaza San Martín donde afirma que “No deseamos quitar la riqueza a los que la tienen sino crearla para quienes no la tienen" (20 de mayo de 1945). Un discurso que exige lealtad y cohesión al pueblo aprista para mantener la promesa del futuro diferente que resuelva los problemas sociales irresueltos por generaciones. Al respecto uno puede discrepar de las alianzas o coincidencias que el partido realizó incluso con sus propios perseguidores (La llamada convivencia con Odría), pero debe reconocerse su adhesión a los principios de la izquierda democrática.

Esta situación se cancela cuando Alan García desarrolla una gestión de gobierno orientada por la visión del Perro del Hortelano, poner en valor los recursos no utilizados (El Comercio) Una gestión alineada con la creencia que solo la promoción de inversiones sobre determinados recursos naturales (los bosques, la tierra, los minerales y el mar ) desarrollará el Perú,. Para ello se minimiza o desconoce consideraciones ambientales y sociales, y se califica a aquellos que las reclaman como atrasados, ignorantes y manipulables. Una opinión patética de los peruanos de los andes y la amazonia que “no saben lo que tienen o no sabe administrarlo”. En otras palabras verdaderos “perros del hortelano” que no comen ni dejan comer. De acuerdo con este discurso el estado debe renunciar a su rol de garante institucional del funcionamiento de la economía y de los derechos afectados de los ciudadanos. Nada más alejado de la doctrina aprista.

La historia es dura. Alan García, hijo de un militante perseguido y encarcelado por su lealtad a la doctrina partidaria, es el que cancela este legado, produce una derrota electoral inimaginable para un gobierno económicamente exitoso, y opta por convertir al APRA en un partido de derecha conservadora.