27 de marzo de 2013

LA SEMANA SANTA Y LOS POBRES

“¿Tú eres rey?”, pregunta Pilato a Jesús en un texto del evangelio de Juan que volveremos a leer esta Semana Santa. Jesús no lo niega, pero precisa: “Mi reino no es de este mundo”. Pilato, astuto, no se engaña, le dice: “¿Entonces tú eres rey?”. Una cuestión que es, más bien, un aserto. Jesús asiente: “Yo soy rey”. Esa afirmación le costará la vida. Sus acusadores aprovecharán para gritar que ello va contra la autoridad del emperador romano, por esa razón, y no sin intención burlona, pondrán la inscripción INRI en la cruz.

Pero ¿qué ha querido decir Jesús al sostener que su reino ‘no es de este mundo’? ¿Se trataría de un reino ahistórico, alojado exclusivamente en un más allá de nuestro tiempo? Según el testimonio de los evangelios, el reino está presente desde ahora entre nosotros, en ruta a su plenitud, incluso nos enseñó a pedir “que tu reino venga”. Jesús dice a Pilato que es rey, pero de un reino muy distinto al que el gobernador representa. No es mundano, no usa el poder para dominar y defender privilegios, sino para servir. Servir, ante todo, a los últimos de la sociedad, a los olvidados. Sin duda, se requiere de medios eficaces para transformar situaciones en las que no se respeta la dignidad humana y los derechos humanos de los más débiles; eso sí constituye un poder, pero, desde las enseñanzas del evangelio, deber ser siempre un poder generoso y humilde de servicio. No como el de “los grandes de este mundo” que “tratan despóticamente” y “abusan de su poder”. “Que no sea así entre ustedes”, les dice Jesús a sus discípulos (Marcos 10,42). Una advertencia hoy para todos, incluida la propia Iglesia.

Hacer memoria de la muerte y resurrección de Jesús debe ser una ocasión para respirar a pleno pulmón y experimentar el don de la vida que celebramos en estos días. No nos dejemos ganar por el escepticismo frente a la necesidad de cambios personales y a la posibilidad de construir una sociedad justa y humana, en la que todos tengan un lugar digno y justo. Aprender a estar alertas frente a todo tipo de maltrato y discriminación, y ser conscientes de la parte de responsabilidad que nuestra dejadez y repliegue culpable sobre nosotros mismos pueden tener en esos hechos, son condiciones indispensables para un cambio. Al renovar nuestra esperanza en el misterio pascual que celebraremos muy pronto, renovemos igualmente la capacidad de estar atentos a todo lo que vulnere a los seres humanos, imágenes de Dios para un creyente, por quienes Jesús entregó su vida.

El papa Francisco acaba de decirnos que sueña con una “Iglesia pobre y para los pobres”, para eso necesitamos, como lo ha dicho también, reconocer que el auténtico poder de la Iglesia consiste en servir a los pobres. ¿Estamos, como cristianos y como Iglesia, dispuestos a morir a nuestras propias ventajas y a ciertas consideraciones sociales por solidaridad con los más pobres, en los que encontramos a Jesucristo, muerto y resucitado por todos? Si no es así, aunque hayamos pasado por la Semana Santa, ella no habrá pasado por nosotros.

26 de marzo de 2013

SMO

Yo estudié en un colegio de policías, las formaciones y los desfiles diarios eran una obligación más que un deseo personal; el himno e izamiento del pabellón nacional era practicado religiosamente todos los lunes, días en que asistíamos 15 minutos antes para la formación, orden cerrado y marcha hasta nuestras respectivas aulas; el 70% de mis profesores eran policías que iban a dictar clases con sus uniformes (y sus armas respectivas); casi todos los días, aquellos que teníamos cierta estatura, practicábamos para los concursos de desfiles por el día de la Policía Escolar, Fiestas Patrias, Aniversario de Arequipa, Día de la Policía, etc. (dicho sea de paso, mientras estaba en quinto de secundaria, mi promoción ganó dichos concursos); y experimenté muchas cosas más que no hubiera podido vivirlas en otro colegio. Sin embargo esa fue una etapa que no escogí, sino que mis padres seleccionaron para mí.

Hoy en día vuelve a pasar lo mismo, pero ya no son los padres, sino es el Estado quien va ha decidir por los miles de adolescentes y jóvenes que vayan a tener la suerte (o mala suerte) de ser seleccionados para tener el "honor" de servir en el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Pero es necesario realizar algunas precisiones sobre dicho servicio, cuya modalidad obligatoria no es nueva, pero si lo es la forma en que seleccionarán a los nuevos reclutas: por sorteo.

Dicen que en el mes de mayo se realizará un sorteo a nivel nacional para seleccionar "a azar" a aquellas personas que deberán enlistarse en la milicia; aquellas personas que no puedan (léase, no quieran, no les de la gana) de ir tendrán que pagar una multa de unos nada despreciables S/.1800.00 nuevos soles. Dicha medida tiene un tinte claramente discriminatorio, como siempre en contra de los más pobres; y me recuerda a la nefasta ley de la conscripción vial (dada por el presidente Augusto B. Leguía) en los años 20, la cual consistía en que todos los ciudadanos mayores de 18 años deberían trabajar comunitariamente en la construcción y mejoramiento de las carreteras a nivel nacional, obviamente, y seguramente igual que hoy, aquellas personas de estatus económico alto no fueron a hacer dicho servicio exhonerándose previo pago. Presumo que la situación será igual ahora, aquellas familias que no desean mandar a sus hijos al SMO sencillamente pagarán (porque ellos si pueden) la multa, sin embargo las familias de clase media y baja tendrán que resignarse a ver a sus hijos marchar al cuartel, con todo lo que ello implica.

Sería hipócrita y falso decir que las condiciones de nuestros soldados son las mejores o que en las instituciones donde son formados se respeta la dignidad o los derechos básicos de los cadetes. La mayoría son maltratados, tanto en su formación, alimentación, estado mental y físico (en este punto es importante revisar las obras de Vargas Llosa y otros literatos que narran la vida en el cuartel). Cada vez salen casos de soldados abusados sexualmente, violentados físicamente,obligados realizar las actividades más denigrantes que un ser humano pude hacer, mandados a zonas de terrorismo, narcotráfico, etc, sin la preparación ni el armamento necesario. Las familias humildes, lamentablemente van a ver a sus hijos en estas condiciones, o en otros casos el despido será un adiós eterno.

Finalmente queda un tema de sistema: la democracia. Aunque a algunos militares no les guste vivimos en democracia y dicho sistema se basa en un supuesto fundamental: la libertad. El jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, José Cueto Aservi, muy alegre dice: "los padres deben dejar que sus hijos tengan la LIBERTAD de ser parte de las Fuerzas Armadas" ¿acaso este militar se ha olvidado que el Estado les ha quitado esa libertad? ¿de qué libertad habla cuando los jóvenes van ha ser obligados a ir al SMO, por el simple hecho de no poder pagar S/.1800.00 nuevos soles de multa? Se justificaría el "déficit" de soldados en una situación de inminente guerra interna o conflicto externo, situación en la que nuestra patria no se encuentra.

He comenzado esta entrada con mi experiencia en un colegio policial y lo he hecho porque sorprende oir a personas supuestamente intelectuales defender el SMO porque, según su criterio, formará peruanos más patriotas, defensores de su país y amantes de lo suyo; en mis 11 años de estudiar en el Neptali Valderrama Ampuero he aprendido eso, pero no por desfilar, cantar el himno o levantar más alto el pie, lo he aprendido de lo que he vivido con mis amigos y compañeros. No es más patriota el que más fuerte canta el himno, el que marcha mejor o el que está con su escarapela todo el mes de julio (de hecho podrán hacer eso y más, pero son corruptos, engañan a sus esposas, maltratan a sus hijos, etc.) he aprendido que el patriotismo se demuestra con actos concretos, primero estudiando para ser un buen profesional y servir a mi país con mi trabajo, creo humildemente, que ese es el verdadero sentido del amor al Perú.

19 de marzo de 2013

ENTREVISTA A JULIO COTLER

El sociólogo e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Julio Cotler, fue entrevistado por Rosa María Palacios en su programa de ATV+ para analizar las implicancias de la victoria conseguida por la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, en las elecciones que intentaban revocarla del cargo.


8 de marzo de 2013

SEGUNDA ENCUESTA DE PERCEPCIÓN CIUDADANA DE CALIDAD DE VIDA DE AREQUIPA METROPOLITANA - 2012

El pasado martes fue presentado a nivel regional el estudio titulado "Segunda encuesta de percepción ciudadana de Calidad de Vida en Arequipa metropolitana - 2012", el mismo que fue elaborado por la Iniciativa ciudadana "Arequipa te queremos". Comparto con ustedes dicho estudio resaltando el hecho de que muchas respuestas de la población son muy cuestionables y no se reflejan con la situación económica, social, política y cultural de Arequipa; también debe destacarse que es un estudio simplemente descriptivo, que hubiera podido tener mucha mayor capacidad explicativa si se correlacionaban algunas variables y si se realizaba un análisis más profundo, situación que no vemos en dicho estudio, situación que se hubiera podido solucionar con un marco teórico y/o contextual del lugar objeto de estudio. Sin embargo deseo expresar mis felicitaciones a dicha institución y al coodinador Nilo Cruz, por realizar esta primera aproximación sobre el tema de percepciones.

2 de marzo de 2013

ELECCIÓN DEL PAPA, PROCESO ELECTORAL

El sociólogo en religión, Bernardo Barranco, destacó que la designación del próximo Papa, en el fondo, es un mero proceso electoral; además, informó que la votación del cónclave debe beneficiar al ganador con dos terceras partes de sufragios.

El especialista en religión, Bernardo Barranco Villafán, destacó que en los próximos días se elegirá al máximo líder religioso del cristianismo, esto tras la renuncia del ahora nombrado Papa emérito, Benedicto XVI; sin embargo, consideró que, en el fondo, es un proceso electoral.

En entrevista para el espacio de "José Cárdenas… Informa", Barranco Villafán destacó que la designación del suceso del Joseph Ratzinger como Papa, como en todo proceso, es una elección, motivo por el que no es de sorprender la campaña que se registró por parte del cardenal de Ghana, Peter Turkson, aparezca en carteles promocionales en toda la ciudad de Roma, Italia.

"Al final es un proceso electoral en el fondo y como todo proceso, ciertas jugadas excesivas, rudas o de coacción, son altamente penalizadas", hizo hincapié el también sociólogo, Bernardo Barranco.

Peter Turkson es un cardenal de justicia y paz que ha tenido contacto con el mundo musulmán, "me parece que es hijo de un padre católico y una madre metodista, con lo que ha presumido que tendría una amplia actitud de ser ecuménico".

Por otro lado, destacó que, por probabilidad, es factible que el próximo Papa sea de descendencia europea, pues cuentan con 62 cardenales en su representación, de estos, 28 son italianos, quienes han jurado que regresarán al máximo trono eclesiástico.

"Tienen infraestructura que les permitirá sacar un pontificado, los cardenales latinoamericanos, por la extensión, son pocos, 19; sin embargo, es preocupante porque la mayoría tienen ‘peros’… todos estos son más conservadores que los europeos", indicó Barranco Villafán.

Comentó que, en total, son 228 cardenales, de los cuales sólo tienen derecho de participar aquellos que tengan menos de 80 años, aunque todos pueden ser electos.

Por último, enfatizó que para que el nuevo Papa sea elegido se necesita la votación de dos terceras partes de los cardenales; es decir, 77 votos, aproximadamente, método que era aplicado con anterioridad y que fue re impuesto por Benedicto XVI durante su mandato.

FUENTE: Vanguardia

28 de febrero de 2013

SEDE VACANTE

Roma, 1406, el cónclave en el que resultó elegido Gregorio XII estaba compuesto por quince cardenales que, con el propósito de poner fin al Cisma de Occidente, participaron en el mismo con la condición de que el elegido dimitiría del papado si el papa de Avignon, Benedicto XIII, presentaba a su vez su renuncia.

Ambos pontífices iniciaron conversaciones para lograr un encuentro en Savona, pero la poca disponibilidad de ambos para solucionar el conflicto, el temor a que dicho encuentro fuese aprovechado por el rival para capturar al contrario, unido a las maquinaciones políticas del rey de Nápoles, Ladislao, y de la familia de Gregorio XII; hicieron que dicha reunión no se llevara a cabo.

Los cardenales de Gregorio XII mostraron su descontento con la postura de este y amenazaron con abandonarlo, por lo que Gregorio XII convocó una reunión con su curia en la ciudad de Lucca en la que, el 4 de mayo de 1408, ordenó que no abandonasen la ciudad poniéndolos bajo vigilancia y procediendo además, a fortalecer su posición, nombrando a cuatro de sus sobrinos nuevos cardenales.

Ante este y otros acontecimientos marcados por acusaciones de herejía, perjurio y corrupción, el Papa Gregorio XII renunció voluntariamente el 4 de julio de 1415 mediante una bula.

Roma, 2013 (598 años despúes), el Papa Benedicto XVI dimite en su cargo apostólico como Obispo de Roma y Vicario de Cristo en la Tierra. Si bien es cierto que los contextos históricos y políticos son temporalmente diferentes, encontramos algunas similitudes entre la situación que llevó a la renuncia de ambos Papas.

Benedicto XVI se sintió, por más que lo niegue, solo, abandonado en la cruzada que emprendió hace 8 años por llevar la barca de Cristo por aguas más calmadas y reformar ciertos aspectos que él ya conocía y que creo no fueron novedad para él cuando le entregaron el informe de los llamados Vatileaks; el cisma del siglo XXI no fue teológico ni mucho menos político, el Cisma que llevó a esta dimisión fueron la gran corrupción que hay al interior de la Santa Sede y las acusaciones de abusos sexuales por parte de numerosos cardenales que incluso participarán en la elección del sucesor de Benedicto XVI.

Pero para nada esto debe alegrar a quienes estaban en contra de la forma en que Benedicto XVI manejaba las cosas en el Vaticano, como católico me entristece mucho su actitud y su dimisión, muestra para unos de fortaleza espiritual y de anteponer los intereses de la Iglesia a sus propios intereses personales, de dar un paso al costado para que la barca de Cristo no se hunda, reconociendo él mismo que sintió que en "algunos momentos Jesús parecía dormido" y no escuchaba sus oraciones, sentimiento que creo muchos cristianos alguna vez hemos experimentado. Benedicto XVI deja el sillón de San Pedro asqueado de tanta inmoralidad  y sobre todo de tanta impunidad, se va sin poder haber hecho casi nada al respecto lo que me deja con la duda de que habría hecho más por la iglesia como Papa en actividad que como Papa renunciante.

No soy teólogo ni pretendo serlo, pero recuerdo cuando Jesús oraba en el huerto de Getzemaní a Dios, su padre, rogándole "Padre, si puedes aparata de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya" y la respuesta de Dios fue el silencio, silencio que Jesús asumió como compromiso de seguir con su obra salvadora hasta las últimas consecuencias, ¿qué hubiera pasado si Cristo, asqueado de tanta maldad en el mundo, hubiera renunciado a su misterio salvífico?.

Yo tengo mi propia conclusión al respecto, pero no quisiera orientar pensamientos ni direccionar opiniones, pero quisiera dejarlos con dos citas, la primera del Beato Juan Pablo II, predecesor de Benedicto XVI, quién sostenía que renunciar al papado era como abandonar la cruz y advertía para sí mismo "como grave obligación de conciencia el deber de continuar desarrollando la tarea a la que Cristo mismo me ha llamado"; y la segunda, de Mario Vargas Llosa, quien en alusión al tema decía: "Sólo abandonan el poder absoluto, con la facilidad con que él acaba de hacerlo, aquellas rarezas que, en vez de codiciarlo, desprecian el poder".

Solo nos queda orar para que el Espíritu Santo ilumine a los señores cardenales y elijan al Papa que nuestra iglesia merece y que tanto necesita.

24 de febrero de 2013

EL HOMBRE QUE ESTORBABA

No sé por qué ha sorprendido tanto la abdicación de Benedicto XVI; aunque excepcional, no era imprevisible. Bastaba verlo, frágil y como extraviado en medio de esas multitudes en las que su función lo obligaba a sumergirse, haciendo esfuerzos sobrehumanos para parecer el protagonista de esos espectáculos obviamente írritos a su temperamento y vocación. A diferencia de su predecesor, Juan Pablo II, que se movía como pez en el agua entre esas masas de creyentes y curiosos que congrega el Papa en todas sus apariciones, Benedicto XVI parecía totalmente ajeno a esos fastos gregarios que constituyen tareas imprescindibles del Pontífice en la actualidad. Así se comprende mejor su resistencia a aceptar la silla de San Pedro que le fue impuesta por el cónclave hace ocho años y a la que, como se sabe ahora, nunca aspiró. Sólo abandonan el poder absoluto, con la facilidad con que él acaba de hacerlo, aquellas rarezas que, en vez de codiciarlo, desprecian el poder.

No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol Wojtyla, el Papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio, seguramente uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que ha tenido en toda su historia la Iglesia católica. En una época en que las ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una especie en extinción: el intelectual. Reflexionaba con hondura y originalidad, apoyado en una enorme información teológica, filosófica, histórica y literaria, adquirida en la decena de lenguas clásicas y modernas que dominaba, entre ellas el latín, el griego y el hebreo.

Aunque concebidos siempre dentro de la ortodoxia cristiana pero con un criterio muy amplio, sus libros y encíclicas desbordaban a menudo lo estrictamente dogmático y contenían novedosas y audaces reflexiones sobre los problemas morales, culturales y existenciales de nuestro tiempo que lectores no creyentes podían leer con provecho y a menudo —a mí me ha ocurrido— turbación. Sus tres volúmenes dedicados a Jesús de Nazaret, su pequeña autobiografía y sus tres encíclicas —sobre todo la segunda, Spe Salvi, de 2007, dedicada a analizar la naturaleza bifronte de la ciencia que puede enriquecer de manera extraordinaria la vida humana pero también destruirla y degradarla—, tienen un vigor dialéctico y una elegancia expositiva que destacan nítidamente entre los textos convencionales y redundantes, escritos para convencidos, que suele producir el Vaticano desde hace mucho tiempo.

A Benedicto XVI le ha tocado uno de los períodos más difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de historia. La secularización de la sociedad avanza a gran velocidad, sobre todo en Occidente, ciudadela de la Iglesia hasta hace relativamente pocos decenios. Este proceso se ha agravado con los grandes escándalos de pedofilia en que están comprometidos centenares de sacerdotes católicos y a los que parte de la jerarquía protegió o trató de ocultar y que siguen revelándose por doquier, así como con las acusaciones de blanqueo de capitales y de corrupción que afectan al banco del Vaticano.

El robo de documentos perpetrado por Paolo Gabriele, el propio mayordomo y hombre de confianza del Papa, sacó a la luz las luchas despiadadas, las intrigas y turbios enredos de facciones y dignatarios en el seno de la curia de Roma enemistados por razón del poder. Nadie puede negar que Benedicto XVI trató de responder a estos descomunales desafíos con valentía y decisión, aunque sin éxito. En todos sus intentos fracasó, porque la cultura y la inteligencia no son suficientes para orientarse en el dédalo de la política terrenal, y enfrentar el maquiavelismo de los intereses creados y los poderes fácticos en el seno de la Iglesia, otra de las enseñanzas que han sacado a la luz esos ocho años de pontificado de Benedicto XVI, al que, con justicia, L’Osservatore Romano describió como “un pastor rodeado por lobos”.

Pero hay que reconocer que gracias a él por fin recibió un castigo oficial en el seno de la Iglesia el reverendo Marcial Maciel Degollado, el mejicano de prontuario satánico, y fue declarada en reorganización la congregación fundada por él, la Legión de Cristo, que hasta entonces había merecido apoyos vergonzosos en la más alta jerarquía vaticana. Benedicto XVI fue el primer Papa en pedir perdón por los abusos sexuales en colegios y seminarios católicos, en reunirse con asociaciones de víctimas y en convocar la primera conferencia eclesiástica dedicada a recibir el testimonio de los propios vejados y de establecer normas y reglamentos que evitaran la repetición en el futuro de semejantes iniquidades. Pero también es cierto que nada de esto ha sido suficiente para borrar el desprestigio que ello ha traído a la institución, pues constantemente siguen apareciendo inquietantes señales de que, pese a aquellas directivas dadas por él, en muchas partes todavía los esfuerzos de las autoridades de la Iglesia se orientan más a proteger o disimular las fechorías de pedofilia que se cometen que a denunciarlas y castigarlas.

Tampoco parecen haber tenido mucho éxito los esfuerzos de Benedicto XVI por poner fin a las acusaciones de blanqueo de capitales y tráficos delictuosos del banco del Vaticano. La expulsión del presidente de la institución, Ettore Gotti Tedeschi, cercano al Opus Dei y protegido del cardenal Tarcisio Bertone, por “irregularidades de su gestión”, promovida por el Papa, así como su reemplazo por el barón Ernst von Freyberg, ocurren demasiado tarde para atajar los procesos judiciales y las investigaciones policiales en marcha relacionadas, al parecer, con operaciones mercantiles ilícitas y tráficos que ascenderían a astronómicas cantidades de dinero, asunto que sólo puede seguir erosionando la imagen pública de la Iglesia y confirmando que en su seno lo terrenal prevalece a veces sobre lo espiritual y en el sentido más innoble de la palabra.

Joseph Ratzinger había pertenecido al sector más bien progresista de la Iglesia durante el Concilio Vaticano II, en el que fue asesor del cardenal Frings y donde defendió la necesidad de un “debate abierto” sobre todos los temas, pero luego se fue alineando cada vez más con el ala conservadora, y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) fue un adversario resuelto de la Teología de la Liberación y de toda forma de concesión en temas como la ordenación de mujeres, el aborto, el matrimonio homosexual e, incluso, el uso de preservativos que, en algún momento de su pasado, había llegado a considerar admisible.

Esto, desde luego, hacía de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha ido convirtiendo la Iglesia. Pero sus razones no eran tontas ni superficiales y quienes las rechazamos, tenemos que tratar de entenderlas por extemporáneas que nos parezcan. Estaba convencido que si la Iglesia católica comenzaba abriéndose a las reformas de la modernidad su desintegración sería irreversible y, en vez de abrazar su época, entraría en un proceso de anarquía y dislocación internas capaz de transformarla en un archipiélago de sectas enfrentadas unas con otras, algo semejante a esas iglesias evangélicas, algunas circenses, con las que el catolicismo compite cada vez más –y no con mucho éxito— en los sectores más deprimidos y marginales del Tercer Mundo. La única forma de impedir, a su juicio, que el riquísimo patrimonio intelectual, teológico y artístico fecundado por el cristianismo se desbaratara en un aquelarre revisionista y una feria de disputas ideológicas, era preservando el denominador común de la tradición y del dogma, aun si ello significaba que la familia católica se fuera reduciendo y marginando cada vez más en un mundo devastado por el materialismo, la codicia y el relativismo moral.

Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia: la de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos, bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización.

La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas.