22 de julio de 2014

DAVID EASTON (1917-2014)

David Easton, distinguido profesor e investigación de Ciencias Políticas en la Universidad de California-Irvine, falleció el 19 de julio a los 97 años. David Easton nació en Toronto, Canadá, y estuvo a la vanguardia tanto de las conductistas y post-conductistas revoluciones en la ciencia política durante los años 1950 y 1960. 

Él es conocido por su aplicación de la teoría de sistemas al estudio de la ciencia política. Algunos argumentan que desde la década de 1950 el concepto de "sistema" fue el concepto teórico más importante usado por los politólogos norteamericanos. 

Durante su carrera se ha desempeñado como un guardián clave, como consultor de muchas organizaciones prominentes y organismos de financiación, y autor de numerosas publicaciones académicas influyentes, entre las que podemos citar: 
  • La decadencia de la teoría política moderna
  • El sistema político. Una investigación sobre el Estado de Ciencia Política
  • Una aproximación al análisis de los sistemas políticos
  • Un marco para el análisis político
  • Un Análisis de Sistemas de la Vida Política
  • El Análisis de Estructura Política
  • El Desarrollo de la Ciencia Política: Un estudio comparativo
  • Régimen y Disciplina: Democracia y el Desarrollo de la Ciencia Política
Ha sido miembro de numerosas juntas y comités y fue presidente de la Asociación de Ciencia Política Americana (1968-1969), así como miembro de la Comisión de Educación Superior de la Sociedad Real de Canadá (1978-1980). Su gran trabajo, especialmente en la conversión de la teoría de sistemas a la ciencia política, ha influenciado a la disciplina política de muchas maneras y seguirá siendo una gran influencia para muchas generaciones de politólogos venideras.

FUENTE: IPSA

6 de julio de 2014

ENTREVISTA A FRANCIS FUKUYAMA

Francis Fukuyama. PhD en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Es profesor e investigador de la Universidad de Stanford. Autor de diversos bestsellers como El fin de la historia y el último hombre. Un personaje de pequeña talla, pero gran intelecto. Accedía siempre con una amable sonrisa ante los múltiples pedidos de fotos y autógrafos. El profesor Fukuyama estuvo por nuestro país para exponer su tesis sobre el "Estado fuerte" y las reformas estructurales que Latinoamérica y el Perú necesitan para asegurar el progreso.

¿Cuál debe ser la agenda que Latinoamérica tiene que seguir para progresar en un contexto internacional tan incierto como el que atravesamos?
Latinoamérica ha evolucionado milagrosamente. Si comparas la década de los 80 con la actualidad aprecias un cambio formidable. Creo que la mayoría de los países de la región ha sido capaz de consolidar un sistema de gobierno democrático. Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. El nuevo reto para la región es la consolidación de un Estado fuerte con una capacidad estatal eficiente.

¿A qué se refiere con un Estado fuerte?
El Estado fuerte es aquel que tiene la capacidad para garantizar a sus ciudadanos bienes públicos básicos de calidad. Es aquel que puede proporcionar educación y salud, seguridad ciudadana, cumplimiento de las leyes, instituciones transparentes e infraestructura. Solo así es que la democracia podrá sobrevivir en el largo plazo.

¿Y cómo se construye un Estado fuerte?
El primer paso es invertir en el activo más importante que tienen los Estados: sus ciudadanos. Históricamente los gobiernos con mayor nivel de calidad son los que tienen funcionarios con una alta tasa de educación y habilidades técnicas necesarias para hacer una gestión eficiente. También está la dimensión moral de los ciudadanos, ya que la corrupción es uno de los más grandes problemas que atraviesa Latinoamérica y definitivamente no se puede tener un gobierno de alta calidad si está compuesto por funcionarios corruptos. 

Entonces los Estados deben invertir en mejorar el capital humano de sus ciudadanos.
Efectivamente, pero la inversión debe ir de la mano con el establecimiento de instituciones educativas sólidas. Sin embargo, los Estados también deben preocuparse por aumentar sus ingresos fiscales porque si no poseen los recursos necesarios no será posible consolidar las instituciones.

En sus publicaciones siempre enfatiza la necesidad de mejorar la calidad del gobierno antes de extender sus funciones. ¿A qué se refiere con esto?
Cuando hablo de la calidad de los gobiernos, me refiero a la capacidad del mismo para poder implementar políticas públicas de manera efectiva. Con extensión describo el alcance y la cantidad de funciones que tiene un gobierno. Considero que si el Estado no puede satisfacer necesidades mínimas, como educación, seguridad y salud, no debería extender sus facultades. Actualmente algunos Estados modernos están realizando muchas labores técnicas, como predecir el clima, controlar el tráfico aéreo o invertir en investigación y desarrollo. Solo un gobierno de alta calidad podrá implementar de manera correcta estas políticas técnicas.

¿Qué tan extenso debe ser el gobierno?
Eso depende de las preferencias de cada sociedad. En Escandinavia los ciudadanos optaron por un amplio estado de bienestar y ellos pueden hacerlo porque la calidad de su gobierno es muy alta. Por otro lado, en los Estados Unidos la mayoría de personas no desean un gobierno extenso. Depende enteramente de las preferencias y de la calidad. Creo que toda sociedad necesita un gobierno de calidad, sin importar el tamaño.

¿Y en un país que carece de instituciones fuertes como el Perú?
No deberían extender las facultades de su gobierno sin primero consolidar sus instituciones. Antes de regular fortalezcan sus organismos reguladores y a sus instituciones públicas.

Usted se ha mostrado a favor del proceso de descentralización que se inició en el gobierno del Presidente Alejandro Toledo. ¿Esto no sería contrario con su postulado de no extender?
Si se descentraliza el poder las regiones deben tener la capacidad de utilizar el dinero eficientemente. El problema también es que no hay funcionarios regionales lo suficientemente capacitados para realizar una gestión pública eficiente.

¿Por qué cree que el Perú ha tenido un gran crecimiento económico en la última década pese a sus carencias estructurales?
El crecimiento económico peruano es gracias a China. La dependencia es su mayor vulnerabilidad ya que si China se desacelera, y es justamente lo que está pasando, ustedes se verán severamente perjudicados.

¿Afirmaría que el Perú está condenado por la “maldición” de los Recursos Naturales?
La realidad no es tan mala como en otros países. En Nigeria la maldición de los recursos naturales está tan arraigada que no ha permitido el desarrollo de instituciones estatales. Creo que ese no es el caso peruano. El problema es que la dependencia de los recursos naturales tiene el gran riesgo de valerse únicamente de sus exportaciones y no generar otro tipo de instituciones productivas. 

El actual gobierno ha emitido un plan de diversificación productiva para fortalecer la economía peruana. ¿Esta medida le parece conveniente?
La diversificación definitivamente es necesaria. Cuando se tiene la enfermedad holandesa por ser un país exportador de materias primas y se deja de lado la exportación de productos manufacturados es vital hacer ciertas reformas.

¿Qué opina del impulso a los programas sociales? ¿Cree que estos son de utilidad para mejorar la productividad al largo plazo?
No tengo tanta información sobre los resultados de los programas sociales peruanos, pero en general, si analizamos los casos de México y Brasil, considero que sí son de gran ayuda si se implementan de la manera correcta.

¿Cuál diría que es el mayor obstáculo del Perú?
Perú ha sido muy afortunado en esta década en lo que respecta al crecimiento económico. Creo que los problemas que tiene son más de corte político, ya que carece de instituciones sólidas y de un gobierno de calidad. Necesita invertir más en inclusión social para poder fortalecer a su clase media.

Sobre el debate actual que ha generado su colega Thomas Piketty, ¿Considera que el Capitalismo condena a la desigualdad?
A los economistas les tomará cierto tiempo corroborar la data que él ha presentado y de esta manera afirmar o cuestionar sus conclusiones. Ha realizado un magnífico trabajo recolectando información empírica, pero me parece que sus conclusiones son un tanto apresuradas.

¿Entonces el capitalismo no condenaría exactamente a vivir en un mundo desigual?.
El capitalismo y la democracia se necesitan el uno al otro. Si la desigualdad alcanza un punto crítico tienes al sistema democrático que posee mecanismos para redistribuir riqueza y generar igualdad de oportunidades. El capitalismo no puede funcionar sin un sistema democrático que lo acompañe.
FUENTE: La República

2 de julio de 2014

AL MAESTRO, CON CARIÑO

El pasado 24 de junio la Escuela Profesional de Sociología de la Universidad Nacional de San Agustín celebró sus 51 años de creación institucional, pero dicha celebración se vio opacada por otro hecho importante, la celebración y homenaje a una de las personas (por no decir la persona) más importante de la Sociología en Arequipa. me refiero al homenaje, que con motivo de sus Bodas de Oro (50 años) de servicio a la docencia superior, se le hizo al Dr. Víctor Raúl Sacca Abusabal, maestro de maestros y formador de más de 50 promociones de sociólogos. Lamentablemente, en dicha reunión se anunció que el Dr. Sacca había pedido su pase al retiro, el mismo que se hizo efectivo el 1 de junio.

Conversaba con Julio Fuentes, docente y colega de sociología, acerca de algunos recuerdos del Dr. Sacca como docente y de su peculiar forma de ser "él es muy tímido, introvertido y muy cerrado con sus amistades", me decía Julio; y agregaba "por ejemplo, ¿con cuántos de los colegas tiene esa confianza casi familiar?, son contados: Marcos Obando, José Luis Ramos y tú". Yo soy consciente de la fuerte amistad que me une con el Dr. Sacca, sin embargo, recibir esa apreciación desde afuera es otra cosa. Varios recuerdos salieron de esa conversación y una pregunta me rondó la cabeza: ¿Por qué yo?, ¿qué había hecho para ganarme la amistad, confianza y afecto de una persona tan "cerrada, introvertida y tímida", más aún sabiendo que incluso algunos colegas y trabajadores de la universidad lo veían al Dr. con cierto temor?

Repasando algunos pasajes no tan alejados de mi vida, recuerdo el año 2006 (segundo año de sociología) esperamos atentamente a que el profesor del curso de Estructura Social llegue, entró un señor muy callado, demasiado serio y con una mirada penetrante; sin presentaciones (ya que su reputación lo precedía) empezó con la exposición de las "reglas de juego" del curso; en ese momento me preguntó (que estaba sentado en la primera carpeta, frente al pupitre del profesor): "¿cómo te llamas?", temeroso le respondí: "Mario", me dijo: "Toma esta ficha y escribe esto en la pizarra", abrió su maletín y sacó una cartuchera con plumones y mota; desde esa fecha seguí siendo la persona "encargada" de anotar todas sus fichas en la pizarra, ya que como él mismo una vez me comentó "tenía letra fea" y nadie le entendería si el escribe en la pizarra.

En el transcurso de ese año y en el desarrollo de esa asignatura, el Dr. Sacca mostró un gran conocimiento de los diversos temas que exponía, siempre con su puntero de metal, el mismo que usaba para golpear la carpeta de algún compañero para hacerlo reaccionar ante alguna pregunta, aunque muy pocas veces emitía una sonrisa. Desde ese momento hubo un aspecto que me llamó la atención, el Dr. Sacca nunca iba a ninguna reunión, ceremonia, almuerzo y/o sesión solemne, eventos que nunca faltan en la universidad. Yo preguntaba: "¿por qué el Dr. no viene?", los profesores respondían "A él no le gustan este tipo de reuniones". Creo que esta es una de las similitudes que tenemos: a ambos no nos gustan mucho las reuniones sociales.

Pero, con el transcurso de los años, me percaté de una cosa que tenemos en común: los libros. Recuerdo que cuando era jefe de la Oficina Universitaria de Personal, nos reuníamos en las mañanas, durante vacaciones en su oficina para intercambiar bibliografía: le traía libros y me prestaba los suyos; creo que nuestro amor por los libros fue otro de los síntomas de lo que años después sería una amistad sincera; más aún porque tuve el honor, de pocos, de visitar su casa.

Cuando pasé a cuarto año, el Dr. Sacca nos enseñó el curso de Sociología Política, este era su fuerte; su conocimiento enciclopédico de los clásicos como Aristóteles, Platón, Maquiavelo (su favorito) y Hobbes; su profundidad y rigurosidad académica por el poder político y sus compendios de lecturas selectas del tema fueron lo que me enamoró de la Ciencia Política y me hicieran decidir hacer mi posgrado en esa especialidad. Segundo síntoma de nuestra amistad: nuestro gusto por la ciencia política.

Cuando terminé mis estudios profesionales y egresé, el Dr. Sacca había sido elegido decano de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales, por cuarta (y última) vez; sin embargo la amistad y el contacto se mantuvieron permanentemente y fueron bajo estas circunstancias que pude constatar la real dimensión de su amistad, confianza y afecto.

Amistad, confianza, afecto, gratitud, admiración, felicidad, tristeza; todos estos sentimientos se juntaron en mi corazón el 24 de junio cuando mientras Marcos Obando, secretario general de la universidad y colega sociólogo, leía la semblanza del Dr. Sacca que había preparado, un Dr. Sacca, como nunca nadie lo había visto, se quebró emocionalmente y lloraba sentado, mientras todos los presentes le rendían unos merecidos aplausos de pie; en ese momento la emoción me embargó y las lágrimas enjugaron mis ojos.

Tenía previsto escribir estas líneas el 1 de junio; sin embargo, por motivos de trabajo no tuve el tiempo necesario. Me disponía a revisar unas pruebas cuando mi celular suena, es el Dr. Sacca. una conversación larga, consejos van y vienen, termina con palabras del Dr.: "cualquier cosa estamos en contacto, lo que necesites me llamas, cuando quieras, estoy para ayudarte". Nunca me presentó como su alumno, sino como su discípulo; nunca se molestaba cuando no le decíamos Dr. y se nos salía el "profesor"; nunca dejó de ayudarme, darme consejos, corregirme, alzarme o bajarme, pero siempre con la paciencia de un padre, de hecho mi cercanía a él hizo que varios colegas me apodaran "Saquita", "el hijo de Sacca", paternidad académica de la cual me siento orgulloso.

Al escribir estas líneas, y por encargo del Jefe del Departamento Académico de Sociología, he asumido, con gran alegría y honor, el curso de Estructura Social, el mismo que hace 13 años el Dr. Sacca me enseñó, con la seguridad de que nadie podrá llenar el vacio que dejó en la escuela de Sociología y con el compromiso de no defraudarlo a él, a los alumnos ni a mi mismo.

Gracias, estimado y apreciado Víctor, gracias por toda una vida dedicada a la UNSA y a la Sociología; gracias por haber sido siempre fiel a tus principios e ideales; gracias por ser un ejemplo de ser humano digno; gracias por ser un gran maestro; pero sobre todo, gracias por ser un amigo de verdad.

EL DESAFÍO DE LA TESIS

La universidad peruana no está preparada para el restablecimiento de la tesis como condición para obtener el grado de bachiller. No obstante, se trata de un desafío que todo el sistema educativo tiene que asumir, pues su elaboración es el espacio donde madura la capacidad de producir conocimientos. Así, el estudiante se convierte en alguien capaz de pensar por sí mismo; en una persona con criterio propio, en un autor. 

El escasísimo número de tesis, en todas las universidades, es el síntoma que condensa lo mucho que anda mal en el sistema educativo peruano. Las raíces del problema son muy profundas, pues llegan a la educación primaria y al hogar. En las familias no se incentiva lo suficiente la curiosidad de los niños. Y en la escuela no se enseña la capacidad de abstracción. Esa habilidad que permite diferenciar lo principal de lo secundario, y que resulta indispensable para el aprendizaje de las matemáticas. Tampoco se estimula lo suficiente la lectura. Para llegar al amor a la lectura, hay que pasar por una fase en las que se mezclan la disciplina y la seducción; el niño tiene que saber que habrá una recompensa, que su esfuerzo bien vale la pena. Finalmente, el desarrollo de la creatividad supone que las preguntas espontáneas de los niños y niñas sean tomadas en serio, pues ellas representan el germen de la inquietud científica. 

Ya en la educación primaria se va asentando la idea de que aprender es memorizar una verdad establecida en vez de hacer el camino que lleva a descubrir los vínculos entre las cosas. Entonces a la educación secundaria llegan estudiantes poco motivados, pues no sienten interés por cursos a los que no ven utilidad. El joven que inicia sus estudios universitarios pretende aprender solo un “conocimiento accionable”, un conjunto de fórmulas que le permita posicionarse ventajosamente en el mercado de trabajo. Lo demás le resulta indiferente. Estudia para pasar los cursos. No le interesa problematizar el saber recibido, menos desarrollar sus intuiciones en nuevas ideas. Su capacidad de análisis está apenas desarrollada. Y el docente universitario no suele ser un modelo, pues también resulta de un sistema que privilegia la repetición sobre la búsqueda. Además, abrumado por el número de horas que debe dictar, no tiene tiempo para leer y actualizarse. Toda la situación descrita se agrava por la presión de la época en que vivimos. El culto ciego al triunfo y al éxito económico desdeña el desarrollo de las capacidades que están en la base de la producción del conocimiento.

Bien se comprende entonces que hacia el final de sus estudios el joven se sienta desarmado frente a una tarea para la que no ha recibido preparación. La tesis aparece como una “cumbre”, una meta altísima, a la que no sabe cómo llegar. En realidad, el problema mayor estriba en que el estudiante no suele ser capaz de relacionar fluidamente los conocimientos recibidos con su experiencia y saber espontáneo. Por tanto se mueve entre dos universos paralelos que no logra conectar. Por un lado, repite lo aprendido, o memorizado, y, por el otro, observa o vive una realidad que no se condice con sus estudios. Y ni siquiera es consciente de este desfase. La capacidad para producir un argumento, una idea novedosa y fundamentada, es entonces muy limitada. La educación peruana crea mentalidades susceptibles al dogmatismo, a la creencia de que existen fórmulas que pueden explicar todo. Mentes que simplifican demasiado, que están poco atentas a la compleja realidad de los hechos. 

En medio de este panorama bastante desolador, hay islas de excelencia. Instituciones y personas genuinamente interesadas en el saber. Pero son muy pocas. Por eso el ideal de que todos los estudiantes se gradúen con una tesis es un objetivo lejano, pero debe ser perseguido a través de convertir la investigación en el fundamento del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es decir, se debe fomentar un aprendizaje activo, de modo que al momento de escuchar una clase el estudiante esté interiorizando los nuevos conceptos e informaciones, y, anticipando, al mismo tiempo, las consecuencias que se pueden derivar para ampliar su horizonte de comprensión del mundo. La universidad peruana enfrenta el reto de elaborar el protocolo de cómo hacer una tesis. Un conjunto de orientaciones que la pongan al alcance del estudiante.

12 de junio de 2014

A FAVOR DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

El máximo representante de la reacción revolucionaria fue Joseph Sieyès, el mismo que en el año de la revolución francesa (1789) publica su célebre libro “¿Qué es el tercer Estado?”; para muchos autores, Sieyès es considerado el “verdadero ideólogo de la Revolución Francesa” (Suárez, 2009: 183). Este célebre documento contiene en sus primeras líneas el derrotero de todo su desarrollo, escribe Sieyès: “¿Qué es el tercer Estado? Todo. ¿Qué representa actualmente en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Llegar a ser algo” (Sieyès, 1973). Recordemos que el sistema político anterior a la Revolución estaba dividido en estamentos, de los cuales el más numeroso y, a la vez, el más explotado y menos considerado, era el tercer Estado, el conjunto de ciudadanos que son de la clase común, del pueblo, “todo lo que no es privilegiado forma parte del tercer Estado” (Sieyès, 1973: 65). Sieyès propone que para que el tercer Estado pueda llegar a ser “algo” debe tener verdaderos e igual número de representantes en las asambleas generales y que los votos sean contados de forma individual y no por estamentos. 

Sieyès parte, al igual que los contractualistas, del punto de que en un inicio todos vivían en estado natural, aislados, y que deciden juntarse y organizarse para, primero satisfacer sus necesidades y luego formar una nación, por lo que el poder soberano, según Sieyès reside en la voluntad popular, la soberanía es absoluta, indivisible, “pero su ejercicio se puede dividir en distintos poderes que son constituidos (…) que son de ejecución, derivados, limitados y determinados en su forma y actividad” (Suárez, 2009: 183). Dado que durante muchos años, el pueblo ha estado oprimido y sometido a una autoridad que no los representaba, Sieyès sostiene que es momento de que la población asuma la dirección del Estado haciendo uso de sus legítimos y naturales derechos políticos, lo que indistintamente podría tomar dos caminos: o el diálogo y consenso con los otros dos estamentos (situación que no se dio), o recurrir a la movilización popular; Sieyès es partidario del primero, sin embargo es el segundo el que al fin de cuentas se puso en práctica y que el autor, finalmente, justificó y avaló.

FUENTES:
  • SIEYÈS, Joseph (1973) ¿Qué es el tercer Estado? México: UNAM. 
  • SUÁREZ, Enrique (2009) De los clásicos políticos. México: Porrúa.

3 de mayo de 2014

CONTRA LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Edmundo Burke, el más importante crítico de la revolución francesa, fue uno de los más notables representantes del partido whig; un notable defensor de la libertad política, lo que podría considerarse una contradicción respecto a la posición crítica que asumió frente a la revolución francesa; sin embargo, debemos mencionar que en Burke no había contradicción alguna, ya que él era un liberal conservador: un liberal en términos económicos y un conservador político.

Al igual que los contractualistas estudiados anteriormente (Hobbes y Locke), Burke considera que la soberanía inicial reside en el pueblo, sin embargo ésta se ha mantenido a través de la historia no por decisión del pueblo, sino por costumbre, por tradición y es esta tradición la que no debería romperse, como sucedió en Francia, por lo que a Burke le sorprende y asusta el caos, desorden, anarquía y abstracción de los revolucionarios franceses a los que consideraba “arquitectos de la ruina” (Chevallier, 1965: 201).

Existen varias hipótesis acerca del motivo tan “peculiar” (o contradictorio) de Burke, ya que él fue un decidido defensor de la libertad (situación que no se daba en la Francia revolucionaria). Por ejemplo, Chevallier sostiene que hubo un motivo sentimental, ya que años antes conoció a una joven y hermosa María Antonieta, de quien quedó prendado por su singular belleza, años después la reina María Antonieta sería ultrajada por los revolucionarios y finalmente ejecutada, lo que a opinión de Burke marcó el fin de la caballerosidad del siglo XVIII. También existe la hipótesis del debate académico e intelectual que sostuvo con el Dr. Price, ya que este último propuso los tres derechos fundamentales que el pueblo inglés había adquirido luego de la revolución de 1688: “A escoger a nuestros propios gobernantes, a deponerlos caso de conducirse mal y a constituir nuestro propio gobierno” (Burke, 1996: 53).

La crítica más severa de Burke hacia los revolucionarios y hacia las consecuencias directas de la revolución francesa es el caos y desorden en el que se encontró el país después de la revolución; criticaba el hecho de que los revolucionarios hayan decidido destruir el gobierno para empezar desde cero con su nuevo sistema; de la misma forma que el concepto tan abstracto e indefinido de libertad que los franceses defendían, Burke mantenía la idea de que no podía haber libertad sin orden y la “libertad” que generó la revolución era una libertad abstracta, en la que cada uno hace lo que le daba la gana; la libertad, decía Burke, debería ser concreta y esto solamnete se logra con las restricciones y limitaciones que solo un gobierno establecido, a través de sus instituciones políticas, podría garantizar.

Pero la crítica más importante fue hacia los postulados del Dr. Price. En referencia al primer postulado (escoger a nuestros propios gobernantes), Burke sostiene que si bien es cierto que esto pudo darse en un primer momento (contrato social), es la costumbre y el propio contrato social el que nos hace renunciar a elegir a nuestros gobernantes, ya que una vez instaurada la monarquía ésta se desarrolla en base a la herencia y la costumbre, aspectos a los que no se puede renunciar y a los que están todos los ciudadanos sometidos, ya que del derecho de sucesión “depende enteramente, salvo la voluntad de Dios, la unidad, paz y tranquilidad de esta nación” (Burke, 1996: 56). Respecto al segundo postulado (a deponerlos caso de conducirse mal), Burke se pregunta ¿cómo se podría conducir un rey mal si él posee el poder absoluto, es decir, no rinde cuentas de nada a nadie?, en ese sentido cómo se puede deponer a alguien “que no obedece a ninguna persona; todas las otras están bajo él y le deben obediencia legal” (Burke, 1996: 63); debe pues respetarse ese contrato inicial entre el gobernante y el pueblo, no hay mala conducta que justifique romper este contrato. Finalmente, el tercer postulado (a constituir nuestro propio gobierno), Burke, siguiendo la tradición clásica griega, considera que no cualquiera puede gobernar, se necesita de preparación, la misma que solo una élite reducida posee; el Estado no es producto de la elección popular, la fuente de autoridad no está en el pueblo, sino en la tradición, la naturaleza y la providencia.

Otro representante de la reacción antirrevolucionaria fue el político español Juan Donoso Cortés, quien es su conocido Discurso sobre la dictadura (Donoso, 2002) plantea su famosa teoría de la “dictadura del sable”. Ante la situación de desorden que vivía Europa en esos años, el planteamiento de Donoso se basa en la defensa del orden y el respeto de las leyes, las mismas que no se pueden garantizar si no hay un gobierno establecido, el mismo que, dadas dichas circunstancias, solo se puede dar bajo la dictadura: “la dictadura en ciertas circunstancias es un gobierno legítimo; es un gobierno bueno, es un gobierno provechoso, como cualquier otro gobierno; es un gobierno racional” (Donoso, 2002: 7). Sostenía que las revoluciones no obedecen al carácter pobre y miserable de determinadas sociedades, sino que éstas siempre han sido promovidas por la aristocracia y los intereses que esta defiende, “el germen de las revoluciones está en los deseos sobreexcitados de la muchedumbre por los tribunos que la explotan y benefician” (Donoso, 2002: 13). Con las revoluciones, según Donoso, se acaba la libertad y es imposible volver a instaurarla, esta eliminación de la libertad significa la catástrofe; es en este contexto político que Donoso sostiene: “Señores, la cuestión, como he dicho antes, no está entre la libertad y la dictadura; si estuviera entre la libertad y la dictadura, yo votaría por la libertad. Pero la cuestión es ésta, y concluyo: se trata de escoger entre la dictadura de la insurrección y la dictadura del Gobierno; puesto en este caso, yo escojo la dictadura del Gobierno, como menos pesada y menos afrentosa (...) se trata de escoger entre la dictadura del puñal y la dictadura del sable: yo escojo la dictadura del sable, porque es más noble” (Donoso, 2002: 29); en resumen, es mejor ser gobernado por una persona quien sabe a dónde dirige a la nación, que por la muchedumbre, cuyas pasiones e intereses tan disímiles hacen imposible saber el camino del progreso a lograr.

FUENTES:
  • BURKE, Edmund (1996) Textos políticos. México: Fondo de Cultura Económica. 
  • CHEVALLIER, Jean-Jacques (1965) Los grandes textos políticos. Desde Maquiavelo a nuestros días. Madrid: Aguilar.
  • DONOSO, Juan (2002) Discursos políticos. Madrid: Tecnos.