18 de mayo de 2011

EL FUJIMORISMO COMO SUBSISTEMA POLÍTICO

Se enseña en la universidad que la política se estructura y acciona como un sistema articulado de elementos que responden a una concepción orgánica, que es lo que le da sentido al ejercicio del poder por el gobierno.

Cuando el elemento rector del sistema político es la democracia, las piezas responden a este principio, que se convierte en normas y controles, que están en la Constitución y en las garantías de protección que se expresan en el Estado de derecho. De este modo, las instituciones, la distribución del poder, los derechos ciudadanos, las libertades, los controles políticos, la persecución del delito, la economía, los servicios, todo funciona como un engranaje orgánico que incluye la capacidad de resolver disonancias y garantizar la paz social.

No obstante, existen disfuncionalidades que pueden afectar a los sistemas democráticos. Cuando se rompen las reglas de los equilibrios legales y los gobernantes renuncian a su legitimidad de origen, para adquirir beneficios, concentrar poder y cometer delitos, recubiertos de impunidad, lo que se ha alterado es la esencia de la democracia como sistema de gobierno.

En la práctica, se ha generado un subsistema político, en el que quienes ocupan los cargos de poder, medran con el objeto de perpetuarse, perseguir, corromper, copar instituciones y hacer que el conjunto de los sistemas del país sean puestos al servicio de ese subsistema autónomo de poder, implantándose un régimen autoritario.

Por lo general, estos regímenes no acaban su composición subsistémica cuando dejan el gobierno. La corrupción, las redes de intereses establecidas, las conexiones y la necesidad de camuflarse en la legalidad para sobrevivir, les da la capacidad para funcionar en la sombra, a la espera de la primera oportunidad que le da una democracia, en la que no creen, para recuperar su botín preferido: el poder del Estado.

El Perú ha sido prolijo en la existencia de estos regímenes autoritarios. El último que funcionó como un subsistema autónomo fue el fujimorismo, nombre, obviamente, tomado del ingeniero Fujimori, que llegado al poder en elecciones democráticas, desconoció su origen, para dar un golpe de Estado y gobernar el país con una camarilla civil y militar, que durante diez años destruyó instituciones, robó, compró personas, violó derechos humanos y alteró sistemáticamente el Estado de derecho, hasta convertirlo en una piltrafa.

Los principales responsables del latrocinio: Fujimori, Montesinos y Hermoza han sido juzgados y sentenciados, pero los juicios por corrupción y delitos contra la vida aún continúan para juzgar a quienes tienen procesos abiertos; algunos están prófugos: Malca, Víctor Aritomi, Rosa Fujimori… Además, de los seis mil millones de dólares, que se estima robaron, apenas si se han recuperado 300 millones.

El fujimorismo, en tanto subsistema político corrupto, se ha cobijado en la democracia. No ha desaparecido; vive y tiene una alta probabilidad de ocupar nuevamente el poder.

No se trata de pedir cuentas a Keiko Fujimori, por la conducta de su padre. Tal pretensión es absurda. El problema es que si gana, es el fujimorismo el que recupera el poder, con toda su carga de autoritarismo, corrupción y destrucción de instituciones. Es el fujimorismo quien la ha puesto de candidata, son los cuadros del fujimorismo los que se aprestan a gobernar; son sus métodos los que volverán a funcionar, es Montesinos quien chantajeará con entregar videos comprometedores que Fujimori no logró recuperar, hasta conseguir su libertad y así, todo ese aparato que humilló al pueblo peruano volverá al poder ¿Para quedarse cuánto tiempo esta vez?

¿Y Humala? ¿Dará al país las garantías de transparencia democrática que el dramático dilema exige?

CARLOS IVÁN DEGREGORI CASO

Nació en Lima, en 1945. Estudió primaria y secundaria en el colegio La Salle y luego siguió estudios de antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Obtuvo el bachillerato en la Brandeis University de Boston (Estados Unidos) y la licenciatura en antropología social en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga.

Fue antropólogo e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos, del cual fue director entre 1990 y 1993; profesor asociado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e investigador del Instituto Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Entre el 2001 y el 2003 fue miembro de la Comisión de la Verdad y reconciliación, de cuyo informe final fue coordinador. Ha sido profesor en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y profesor visitante en la Universidad Libre de Berlín (Alemania), la École Superior des Hautes Études (Francia), la Universidad Internacional de Andalucía (España), la Universidad de Columbia, la Universidad de Winsconsin en Madison y la Johns Hopkins University (Estados Unidos).

Entre sus principales publicaciones se encuentran:
  • La década de la antipolítica. Auge y caída del fujimorismo.
  • No hay país más diverso. Compendio de antropología peruana.
  • Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso.
  • El surgimiento de Sendero Luminoso.
  • Qué difícil es ser Dios. Ideología y política en Sendero Luminoso.
Lamentablemente murió el día de hoy 18 de mayo, víctima de una penosa enfermedad. Las Ciencias Sociales están de luto.

17 de mayo de 2011

EL FIN DE UNA ERA

El día de hoy, y luego de casi una semana de incertidumbre académica, en la facultad de Ciencias Histórico Sociales de la UNSA, contamos con nueva decana, la Dr. Eva Díaz, quien se convierte en la primera mujer en alcanzar dicho cargo en nuestra Facultad, esperemos que por el bien de la facultad, le vaya bien en su gestión.

Pero el asunto de esta entrada no es esta elección ni el proceso que llevó a la Dr. Eva al decanato de la facultad, como el mismo título dice, con esta elección creo que se termina una era importante en el desarrollo académico de la Facultad, la misma que concluye con el término del período como decano del Dr. Víctor Raúl Sacca Abusabal.

El Dr. Sacca inició su cuarto período (no consecutivo) como decano de la facultad con la difícil misión de hacer ingresar a esta institución académica al siglo XXI y recuperar el tiempo perdido en los últimos años por las autoridades anteriores, objetivo que creo se logró cumplir, obviamente con las limitaciones propias de la administración pública, las mismas que no mermaron el sentido del deber del Dr. Sacca en beneficio de la facultad; una prueba de ello es el pabellón que se construyó con el objetivo de ser sede del Instituto de Investigaciones Sociales (el único en el Sur del Perú), la informatización de la Facultad por medio de las aulas virtuales, la modernización de los equipos audiovisuales, el mejoramiento de las aulas, etc. Obras palpables que no seremos nosotros quienes juzguemos o reconozcamos, sino las generaciones futuras.

El Dr. Sacca es uno de los pocos docentes universitarios a dedicación exclusiva que realmente cumple ese título, es decir su único trabajo es en la universidad, a la misma que ha dedicado casi toda su vida. Nuestra facultad le debe mucho y sus discípulos (actualmente todos los profesores de sociología) aún más.

16 de mayo de 2011

VOTO CONTRA EL OLVIDO

A pesar de haber pasado más de un mes de las elecciones generales, aún existen personas y analistas que se lamentan y pierden el tiempo intentando explicar la difícil situación en la que nos encontramos los peruanos: elegir entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, ambos candidatos con una pasado político y familiar que deja mucho que desear y que el 50% de la población no confió en ellos en la primera vuelta electoral.

En este blog no intentaré dirigir el voto de nadie, ni mucho menos insinuar cuál debe ser la elección del elector, pero tengo que manifestar mi total disconformidad con el voto hacia Keiko Fujimori, por diversas razones, entre ellas:

Primero, la ausencia total de valores familiares como el amor por su propia madre, que se vio manifestada durante todo el gobierno de su padre y que  a pesar de las pruebas palpables de tortura hacia su madre por parte de Alberto Fujimori, ni se inmutó y ni protestó. Estudió en el extranjero con dinero mal habido durante los años que gobernó su padre y nunca explicó el origen de dicho dinero ¿Puede, entonces, una candidata de esta catadura moral siquiera soñar con ocupar la más alta magistratura nacional, ser un ejemplo de hija, esposa o madre si ni siquiera sintió por su madre cuando ésta era torturada de la manera más inhumana por Alberto Fujimori, y que hoy usa como un objeto más de su campaña electoral?, ¿puede prometer mejoras en la educación, si ni conoce la realidad educativa peruana, ya que estudió en el extranjero con dinero de las arcas públicas?

Segundo, la total ausencia de valores democráticos puestos de manifiesto durante la re-reelección antidemocrática de su padre en el año 2000, ya que mientras hacía el teatro de firmar en contra de la postulación de Fujimori, participaba activamente en los mítines y marchas a favor de la candidatura del dictador. ¿Puede manifestar respeto por la democracia, cunado ella fue parte del aparato estatal corrupto que implantó Fujimori en el Perú, cuando ella, supuestamente, no sabia nada de Montesinos y sus redes delincuenciales que mermaron las instituciones públicas hasta el día de hoy?

Tercero, por la dignidad del Perú, los peruanos, con la elección de Keiko Fujimori, estaríamos legitimando uno de los gobiernos más corruptos y delincuenciales que ha existido en la historia del Perú republicano, estaríamos "premiando" a un dinastía que, a pesar de lo bueno que hizo, los crímenes y asesinatos comprobados, fueron la constantes con tal de eliminar a la oposición del momento. Estaríamos legitimando a un presidente cobarde, que no se quedó en el Perú para afrontar sus delitos, y que muy por el contrario huyó del país para luego, burlándose del Estado peruano, renunció vía fax desde su natural Japón.

La decisión es nuestra: ¿Queremos más de lo anterior?.

9 de mayo de 2011

LA HORA DE LA VERDAD

Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, “Los irrenunciables derechos humanos”, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

En su texto, desmiente que dijera jamás que “los derechos humanos son una cojudez” (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue solo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú Salomón Lerner ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que solo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la Catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido “más seriedad” y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

No solo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: “Tendrá que responder en su momento”.

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían “humanizado” al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario “La Primera”, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un “Plan Sábana”, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos –espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores– con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder- Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No solo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace diez años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un “Compromiso con el Pueblo Peruano” que conviene tener muy presente, no solo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las administradoras de fondos de pensiones (AFP), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No solo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento.

4 de mayo de 2011

ABSOLUTISMO

"Estatuto de dominio y condición pública, en el cual un soberano, en la mayoría de casos un monarca, que ejerce un poder indivisible, incontrolado e ilegitimado, no está sometido a ley alguna ni ligado a colaborar con otros órganos, aunque no puede infringir los mandamientos divinos o las normas de derecho natural".

El absolutismo fue la respuesta histórica a las guerras civiles y religiosas del siglo XVI y a la incapacidad evidente de las autoridades corporativas del feudalismo para organizar el Estado, construir un ordenamiento jurídico e impedir la explotación desconsiderada de privilegios parciales y posiciones de hegemonía regionales. El absolutismo se desarrolló con la construcción de Estados territoriales mayores. Su poder residía en un ejército seguro y permanente, cuyos oficiales estaban vinculados social y políticamente a las clases más altas, y en un funcionario estatal, que, a modod de instrumento legal, responsable y "justo" del soberano, contribuía a la ejecución y ordenación de los crecientes deberes del Estado así como al desarrollo social y económico de los ciudadanos.

Como ejemplos de Estados absolutistas suelen mencionarse el del rey Sol, Luis XIV (1638-1715), y el de Prusia bajo Federico II (1740-1786). La denominación de "absolutismo ilustrado" para el tipo de Estado de estos últimos ejemplos muestra la paulatina nueva orientación de poder del absolutismo en dirección al Estado de derecho, al cumplimiento del deber y al amparo que el soberano ha de ofrecer a los súbditos (el príncipe como "primer servidor de su Estado).

Karl - Heinz Hillmann: "Diccionario enciclopédico de Sociología" p. 14

1 de mayo de 2011

MENSAJE A LA HUMANIDAD

Juan Pablo II dejó un mensaje dirigido a todas las generaciones, familias, jóvenes, pueblos y a toda la humanidad. Sus pensamientos y anhelos quedaron escritos en los diferentes discursos que emergían cada vez que el Papa peregrino era adoptado por las distintas regiones del mundo a las cuales viajaba constantemente como Sumo Pontífice, cartas, homilías, encíclicas y testimonios.

En la antología “Juan Pablo II. Mensaje a todas las generaciones” (Lima, Jomm editores), la palabra de Karol Wojtyla ha sido recopilada y su mensaje, eternizado. Testigo de la II Guerra Mundial, vivió de cerca los malestares de la destrucción entre seres humanos y de la vida que nos rodea. La bomba atómica y el genocidio de Hiroshima y Nagasaki fueron repudiados durante su visita a ambas ciudades, en donde anunció: “Hiroshima y Nagasaki son las dos únicas ciudades del mundo que han experimentado de lo que es capaz el hombre puesto a destruir. Vengo aquí como peregrino de la paz”.

Por otro lado, reservó a la niñez, la familia, la juventud y los ancianos parte importante de sus mensajes en que exhorta al cuidado y atención especial a los niños y niñas, respeto a la vida de los ancianos y a su derecho a una muerte digna.

Respecto a la presencia de la mujer en el mundo, resalta la “igual dignidad y responsabilidad respecto al hombre”, acceso a las funciones públicas como a todas las profesiones; y, a su vez, exalta la función de María como presencia maternal y a la madre como el corazón del hogar.

En Estambul hizo un llamado de unidad a todas las religiones teniendo como premisa un común denominador: la fe en Dios.

Los anuncios del Papa estuvieron también al tanto de las nuevas épocas, del buen uso de la ciencia y la tecnología, de los medios de comunicación, la cultura y la libertad.

Sus mensajes son a la vez un cuidadoso llamado que advierte de los peligros que se convocan en el mundo actual. Así lo dejó escrito en el apartado “El nuevo reto de la historia”: “El reto que ahora acecha es la tentación de aceptar como libertad verdadera lo que es, en realidad, solo una forma nueva de esclavitud”.

Son las expresiones sinceras y propósitos de un hombre que cargó sobre sus hombros la esperanza y fe de miles de personas.